SubachoqueArepaChoclobis

*365bogota dedica los domingos a recomendar gastrolugares fuera de Bogotá, a nivel local, nacional o internacional.

Hace más de un año fue mi primera salida de Bogotá en bicicleta y desde ahí me enamoré de la ruta. Es un plan que recomiendo a diestra y siniestra, pero no crean que alguna vez lo he planteado como un plan deportivo, no señor, para mí es un plan de ir a comer. La mejor ruta que he descubierto hasta ahora es a Subachoque, donde hay gastro-recomendaciones de principio a fin.

Como la salida es por la calle 80, el paso número uno es el puente de Guadua. Casi siempre es el punto de encuentro de cualquier parche antes de salir, así que disfrute la espera de los que faltan con un juguito de naranja con zanahoria, fresco, recién exprimido, como debe ser. Esa maravilla de jugo, sumado al paisaje increíble de las montañas y los campos de papa y arvejas, es suficiente para darle fuerzas hasta el pueblo, donde vienen dos paradas infaltables.

La primera es para mí la más importante: las arepas de Doña Blanca, una señora de setentaitantos que quién sabe cuántos años lleva haciendo sus deliciosas arepas de choclo. Tiene una técnica que jamás había visto. Usa unos moldecitos sobre una plancha a la que le caben más de 20 arepas al tiempo. Esta señora es todo un espectáculo y sus arepas sin duda alguna son el show central. Tras hora y media de solo pedalear, una arepa de choclo jamás será suficiente para el hambre que ataca sin clemencia.

Por eso, la segunda parada es indiscutible, y lo mejor es que solo hay que darle la vuelta al parque para encontrar, al lado de la estación de policía, unos pandebonos y unas almojábanas de ataque. Se trata de la Fábrica de Almojábanas y Pandebonos, uno de esos lugares donde salen y salen bandejas del horno y jamás se les queda una entera porque la gente por poquito se los pelea.

Después de la almojábana o el pandebono hay dos opciones: devolverse a Bogotá o seguir hacia la Pradera y echarse en cualquier potrero a pastar y descansar un rato. La decisión está en manos del clima, pero siempre que hace sol, la segunda es la mejor opción.

Un poco de descanso y para la vuelta es indispensable una última parada con una recarga de energía: EL MERENGÓN. Sale usted del pueblo y poco antes de llegar a la “Y” que divide la vía hacia el Rosal, a mano derecha va a encontrar una casita de madera amarilla con rojo, con unas mesitas de tronco con parasoles. Pare ahí, pida un merengón y sea muy feliz. Es un plato enorme que fácilmente puede alimentar a dos o tres personas. Lo puede pedir de fresa, mora, durazno, guanábana o mixto, y se lo hacen ahí fresquito con el merengue crujiente, las frutas frescas y la crema perfecta. Yo jamás fui devota del merengón, pero este en definitiva es un placer.

Se acabó el tour. Ahora vuelva a Bogotá luchando contra el viento de frente por toda la 80 de subida, llegue a su casa, baño de agua caliente, pizza de pepperoni de Domino’s, una buena película y ¡a las cobijas!

Precio: 20.000$ el total de todo lo citado

SUBACHOQUE EN BICI

Subachoque – Sabana Occidente – Cundinamarca