Julia1

Sentarse en la barra siempre es mi mejor opción en un restaurante. Algunos piensan que es incómodo, otros que sólo es para tomarse un trago; yo en cambio, creo que en la barra pasan y coexisten muchas aventuras. Es por eso, que me encantó la barra de Julia.

En el fondo de su local de la zona G te encuentras con una barra ambientada con su formidable horno de leña y una matera con plantas de albahaca. Yo me senté allí feliz para ver qué me ofrecían, mientras disfrutaba del olor de masa tostada y la visión de las manos de los pizzeros amasando, para luego meter las pizzas en el horno. Y, para mi buena suerte, sacarlas y terminarlas justo del lado del que yo estaba. Así me antojé de todas.

Pedí la Prosciutto, con tomate, mozzarella, prosciutto y rúgula, deliciosa y equilibrada; el prosciutto me enamoró. La Romana, con tomate, alcaparras, mejorana, aceitunas negras y le adicionamos anchoas blancas en aceite, que me hizo pensar en una tarde familiar en casa; y completamos con una Carciofi Fonduta, una crema de alcachofas, espinaca, pecorino y parmesano para untarle a varios triángulos de masa horneados y bañados con aceite de oliva que es, literalmente, para chuparse los dedos… o el plato.

Los ingredientes son de la mejor calidad, al primer bocado supe que todo es fresco y que quizá podría pedir algún otro sabor para seguir probando. Así fue, tuve que pedir más porque a cada bocado quedaba con más ganas de comer. El pizzero, Carlos, nos contaba qué le ponía a cada masa, nos recomendaba ingredientes y le mostró a mi hijo cómo metía las pizzas y cómo organizaba el horno; conversar con quien cocina también es otra de mis cosas favoritas porque luego comer tiene mucho más sentido.

Después pedimos la Formaggi, de gorgonzola, parmiggiano, pecorino y mozzarella; no tiene tomate pero tampoco le hace falta, el sabor dulce y delicado de los quesos sólo necesita una copa de vino, y en este sitio hay muchos fabulosos para elegir. La acompañamos de Barbabietola, remolacha en italiano, queso de cabra y perejil; trocitos perfectos de remolacha que se derriten en la boca, sabores lácteos y de hierba fresca que se mezclan perfectamente, una alegría.

Es así como disfrutamos de cada sabor, de cada ingrediente, de las sonrisas de todos lo que estaban cocinando y atendiendo y, finalmente, nos divertimos juntos porque Luciano, mi hijo de 7 años, le abrió un huequito a cada borde de sus porciones de pizza para meterle pequeños trocitos de prosciutto y comérselos. Creo que Julia, reúne todo para ser feliz.

Precio: entre 25.000$ y 50.000$ por persona

JULIA ANTIPASTERÍA – PIZZERIA – ENOTECA

Cra 5 # 69 A – 19 – Zona G / Calle 85 #12-81 – Zona T / Calle 119B # 6-31 – Usaquén

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