KuruBis

Kūru, comida japonesa. Así de simple. Así de complejo.

Ayer abrieron sus puertas. El despliegue de medios del grupo Four Seasons en este nuevo proyecto bogotano es apabullante, no sólo en el equipo humano sino en el nivelazo de su decoración y equipación de cocina y sala, así como en el esfuerzo de traer productos auténticamente japoneses, incluidos diferentes tipos de pescados, vajillas, ollas arroceras y soyas. No se pierdan ni un detalle, ni siquiera si se acomodan en los taburetes de la barra a tomar una excelente y bien tirada cerveza de barril, que es a lo que un servidor se dedicó mientras esperaba al resto de mis glotones amigos.

Desde casi todas las mesas hay visión hacia la cocina abierta donde ofician con movimientos impecables los cocineros liderados por Diego Soriano y Miguel Cañón. Aún así, le invito a que se acerque a dicha cocina para admirar las vitrinas que lucen pescados frescos traídos directamente de Japón, comprobar la pulcritud del trabajo de la cocina y maravillarse con la parrilla “Robata”.

De todo el festival gastronómico que apareció en la mesa debo reverenciar lo siguiente sin ningún tipo de reparo y sin temor a equivocarme. El arroz de los makis es de las mejores cocciones y texturas que haya probado nunca. La anguila que coronaba estaba excepcionalmente jugosa, que no correosa; caramelizada, que no hostigantemente dulce, templada, que no fría ni caliente.

La Robata aporta unos sabores de cocción primaria que ninguna técnica de cocina ha podido superar hasta la fecha: carbón, madera, fuego y humo impresos en un pollo cocinado al punto perfecto y para comer sin remilgos, sin cubiertos y sin palillos. Disfrute y chúpese los dedos, ¡carajo!

Espectáculo y protagonismo para el equipo de sala con el Bibimbap. Preparación que acaba el mesero delante del cliente en un plato japonés que alcanza una temperatura tan elevada que acaba de cocinar la carne al momento. Aviso: abuse de la salsa que hay en la jarrita.

Hubo otros platos pero el Tartar de salmón entró directo al corazón y se instaló en la memoria del paladar de quien escribe. Allí lo rodeaba un sabroso dashi, aromas de cítricos, soya y yuzu, y lo cubría una mezcla de alcaparras fritas, quinua crujiente, flores y brotes. Impecable y goloso.

Hay postres. Hermosos, técnicos y deliciosos. Sin desmerecer al resto, me quedo con el Caramel Oak por un lado y el helado de sésamo por otro. Imperdibles cócteles con y sin alcohol.

Sugerencia instrumental: aunque algunos comensales adoramos comer con palillos, hay platos que requieren cuchillo o, en su ausencia, de cortes de cocina más cómodos para comer de bocado aunque el protocolo asiático permita sorber y morder con fruición.

Precio: entre 50.000$ y 100.000$ por persona

KURU HOTEL FOUR SEASONS

Carrera 13 # 85 – 46 – Tel.: 325.7949 – entre La Cabrera y El Retiro – Chicó Lago – Chapinero

WEBFACEBOOKTWITTER – INSTAGRAM @kurubogota