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Sazón y amor. Este restaurante de comida del Cesar, ubicado en una casa estilo neocolonial en la zona tradicional de Chapinero suroccidental, me impresionó desde la primera vez que lo visité hace ya unos cuatro años.

Es de esos genuinos lugares que, en el frío de Bogotá, logran sin exageraciones ni pretensiones llevar al comensal a uno de los parajes de la inmensa riqueza natural y cultural colombiana, en este caso el municipio de Codazzi en el Cesar, donde se celebra el festival vallenato con guitarras. Vallenato, sabana, calor y serranía.

Al llegar no es raro que la bienvenida la den las notas de un vallenato tradicional como Corazón de Acero de Alfredo Gutiérrez. La gran mayoría de meseros y cocineras también son de la costa caribe. Al llegar nos recibe Manuel de Ayapel Córdoba, vestido como el resto de sus compañeros con elegantes y frescas guayaberas, con lindísima y blanca sonrisa nos atiende con ese delicioso acento sabanero.

Como platos especiales del día anuncian posta y mote de ñame con queso, por la hora ya se ha acabado la posta, pero nos decidimos por el mote, y de la carta escogemos un plato de carne “esmechada”. Mientras siguen los vallenatos escogemos las bebidas, nos ofrecen chicha de piña con arroz y agua de panela. Ambas super refrescantes, hidratantes y bien balanceadas de azúcar para el caluroso día bogotano.

El plato de carne tiene la opción de acompañarlo de arroz de coco o arroz blanco; patacón o tajadas de maduro y ensalada verde o frijol. En el plato todo está rico, la sazón de la carne es deliciosa y la textura entre tostada y húmeda bien agradable; el arroz de coco muy bien balanceado entre sal y dulce y bien presente el sabor del coco sin volverse hostigante; los patacones crocantes por fuera y esponjosos adentro. Para aderezar los platos al centro de la mesa hay botellita de ají de agua de coco perfecto para acentuar los sabores y para dar un poquito de humedad. El plato al principio viene con un sancochito de costilla de res y plátano muy sabroso, al que le quedan muy bien los ajís al centro de la mesa.

Deliciosa y equilibrada la sazón y la textura del Mote de ñame con queso, los pedacitos enteros como algodón y algunas boronitas que le dan textura a un sedoso líquido. De postre ofrecen Enyucado y una copita de Dulce de coco que dan ganas de comerse más de una porción.

La carta también ofrece chivo, pollo, costilla de cerdo, carne molida, pescados y arroz de camarón. Se pueden pedir adicionales de queso o suero costeño muy buenos. Aunque corta, la carta del restaurante tiene la fuerza para salirse de la idea convencional que se tiene en Bogotá de la cocina del Caribe, y es muy refrescante encontrar representada la gastronomía del Cesar en este rincón bogotano. El restaurante esta en el barrio desde hace 24 años y en su sede actual hace 6.

Al salir salgo pensando en la verdad de su lema “sazón y amor” y agradeciendo un ratico en el Cesar sin salir de Bogotá y con ganas de caminar por la soleada tarde bogotana y no volver a trabajar más por este día.

PD: hablan muy bien del arroz de camarón, será una buena disculpa para volver.

Precio: platos entre 10.000$ y 15.000$

DONDE YIYA

Calle 54A # 15 – 64 – Tel.: 811.8753 – 315.308.4142 – Quesada – Galerías – entre Tesusaquillo y Chapinero

* fotografía del plato tomada de las redes sociales de Donde Yiya